domingo, 15 de enero de 2017

L A MAGIA DE UNA AVENTURA: AIXA



                    
                                  La Alhambra y el Albayzín. Óleo. 46x33. José Medina Villalba 
             
                  Mientras observaba mi último cuadro al óleo recién “parido”, pasando una visual de abajo hacia arriba, saliendo de una de las casas que hay en primer plano, mi vista se detiene en la maravilla que jamás pudo soñar el pensamiento de cualquier nacido. La maravillosa, y extraordinaria Sultana que enarbolando su belleza en lo alto de la Sabika, toda orgullosa, se proclama la reina de Granada: la Alhambra.
                                    Una especie de sopor especial me traslada a épocas del pasado

             En un momento, sin darme apenas cuenta, como el que pasa de la vigilia lentamente al sueño, una especie de sopor especial me invade, un halo luminoso me rodea y entro en una especie de éxtasis, yo diría, del que mucho se habla en la literatura de los iluminados místicos y ascéticos.


                                 Plataforfa de Ambrosio de Vico. La ciudad de Granada en el siglo XVI 




          El sonido de fanfarrias y timbales llegan a mis oídos, de pronto sin ser consciente de lo que está pasando observo que la ciudad se ha transformado, que los grandes edificios de las principales columnas vertebrales de la ciudad, de éste 2017 no existen, Gran Vía, y Reyes Católicos, han sido sustituidas por una serie de callejas entrelazadas que constituyen la Medina, donde el trasiego de chilabas, babuchas, y velos cubriendo los bellos rostros femeninos abundan por toda partes.



                 Me mezclo con la masa de gente enfervorizada, me da la impresión que es un día de júbilo en la Medina. No quiero que alguien me vaya a descubrir como un intruso y me encierren en las mazmorras donde numerosos paisanos cristianos, prisioneros de las correrías moriscas, están padeciendo.


                                                     Mazmorras 

               Me doy cuenta que mi estado no es corporal, sino que es mi espíritu que vaga por el quinto día del mes del Ramadán del año 864 de la Égira, que corresponde al 1460 de la era cristiana. Liberado de la angustia que en un principio me oprimía, me mezclo con la muchedumbre e intento descubrir que está pasando en Granada.
                   

           Son los primeros albores de la mañana, las antorchas que durante la noche han apartado las tinieblas, para dar vida al empedrado del entramado de las callejas, se ahogan con la fuerza de la luz del sol naciente.


              De la Mezquita Mayor situada en el centro de la Medina, sale una gran muchedumbre, acaban de cumplir con el primer rito de la oración, por los azucaques emergen de los rincones más recónditos bellas moras bien ataviadas.


                                            La Madraza. La Universidad árabe
               
                Las puertas de la Madraza, donde asisten los estudiosos para realizar los cursos Hafiz y Ulema para conseguir el título de imán, permanecen cerradas.




                                                       La Alcaicería
                      
            En el Zacatín, una de las vías principales, no cabe un alfiler, hasta los cerramientos que dan entrada al mayor mercado: “La Alcaicería”, con los pequeños talleres de baratijas, marroquinería, sedas, verdulería, alfarería, orfebrería…, permanecen con el mutismo de un lugar abandonado.



                                                    La guardia mora 
                
                La gente apretujada, la guardia vestida de gala con turbante blanco con adornos dorados, rematando la parte superior del gorro con media luna en metal dorado; el frontal del blanco  turbante  con jirones  de color rojo, al borde del tocado que ajusta en la cabeza galón o pasamanería dorada que cuelga por detrás rematado con borla dorada, camisa blanca, con adornos en forma de corazón, en la bocamangas de la camisa, 



puñetas de terciopelo negro, portando dagas y alfanjes como armas, para mantener el orden de la muchedumbre que no se quiere perder nada de lo que en este día está ocurriendo.
               Sigilosamente me acerco a una bella y encantadora mora, intento conectar con ella, para que me explique lo que está ocurriendo, pero me doy cuenta que dos épocas lejanas en el tiempo, no pueden tener ningún laxo de conexión, que el presente no se puede fundir con el lejano pasado.


                   Presto atención a una madre que rodeada de sus jóvenes mancebos les está explicando la solemnidad del día.
               La belleza de esta sarracena es tal, que en aquel momento hubiera querido cambiar mi transformación mística, pero el tiempo era el mayor de los candados que me lo impedía, terminé simplemente  por escuchar.


                                                           Aixa


               Todo lo que está ocurriendo, mis queridos hijos, es obra de nuestro rey Muley  Abul Hacem, que hace, como sabéis, tres años se casó con su hermosa prima Aixa y quiere ofrecerle el poderío de su reino, revestido de los más encantadores atractivos, que ha podido soñar la imaginación.
              Ha querido presentarla como reina al pueblo granadino, y para ello ha escogido el día de su natalicio, que todos los años se ha celebrado con grandes festejos.


                                                     Aixa y Muley Hacen 
                    
                 El rey ha mandado emisarios a los reinos vecinos y a los gobernadores de las provincias cercanas, para que asistan a la fiesta que se va a celebrar, todos juntos en la gran mezquita, por el alfaquí mayor del reino; se ha pedido a Alá, protección para los reyes y el Valí, que se reconozca como reina a la afortunada esposa de Muley.



               Mientras escucho las explicaciones que la mora da a sus hijos sobre el acontecimiento, otra musulmana sin atreverse a elevar la voz, para no ser reconocida, de sus entrañas surgen gritos aterradores sobre el devenir de la reina, a media voz dijo: “¡Ay de Granada bajo el reinado de Aixa; el destino se cumplirá, la felicidad anidará poco en su lecho conyugal; una cristiana le robará el corazón de su esposo, y estas disensiones prepararán más tarde la pérdida de la ciudad querida del Profeta, en el reinado de su hijo!”.
               Esta espontánea lamentación se vio bien pronto perdida en el confuso alboroto de la muchedumbre.
                   En breve plazo se había de ver cumplido aquel fatal augurio, y conquistada para siempre la perla de Occidente.



             Concluida la ceremonia, celebrada en la Mezquita Mayor, salió toda la comitiva hacia la Alhambra, mientras el populacho aplaudía, yo, sin quererme perder ripio, continué Zacatín arriba, como uno más, Cuesta de Gomerez, penetrando en el bosque que rodea el Alcázar por la puerta de Laujar, que da entrada al mágico recinto.


                                              La reina con su angelical sonrisa
                  
             Radiante de gracia y hermosura, iba la reina por las calles de Granada, infundiendo gratas esperanzas a todos, con su angelical sonrisa; el pueblo en masa les acompañó hasta la fortaleza, despidiendo a sus monarcas con atronadores vivas, que llenaban de alegría el corazón de los reyes.

                                           Solo entraron en palacio los comisionados...
                       
             El embarullado alboroto de la gente a la entrada del palacio, de una muchedumbre que hubiese querido acceder, siendo imposible, solamente penetraron los comisionados y yo, con mi imagen invisible, que no se podía perder nada de lo que estaba sucediendo.



                 Se reunieron en el Salón de Comares, ricamente engalanado con las mejores alfombras, cortinas de seda de diversos colores, jarrones con flores que destilaban olores que trasminaban los sentidos, pebeteros quemando perfumes aromatizando el ambiente, y la música de diversos instrumentos:

                                             El cimbreo de las caderas de las danzarinas
        
        laúd, rabel, guitarra, dulzaina, añafil, ajabeba, perfectamente armonizados, dieron rienda suelta al cimbreo de las caderas de las danzarinas, en  la danza del vientre.





               Mientras las bandejas repletas de ricos: dátiles, cacahuetes, coco, almendras, avellanas, miel, chocolate…., daban cuerpo al bugat, fekkas, bakalaua, troncos de amor, que deleitaban el paladar de los allí presentes.
               El rey, su galante esposo, quiso enseñar las modificaciones que se había hecho en el palacio para ella, y salió con la reina.


                                                 El Tocador de la Reina
                 
                 La llevó primero al Tocador, perfumado asilo de la belleza, y recinto sagrado del amor, donde pudo admirar el refinamiento del buen gusto, en los objetos destinados a su uso, y en el adorno de la habitación.



                                            Mirador de Lindaraja
              
              De allí pasaron al Mirador de Lindaraja, desde donde pudieron observar el delicioso panorama de la cañada del Darro, toda sembrada de cármenes y de arboleda encantadora. Se veían las mil torres de Granada, minaretes y mezquitas, y cuando extasiada contemplaba Aixa toda la grandeza, le dijo Muley: “todo esto es tuyo; todo te pertenece; pero tu conducta será la norma de la mía”. ¡Vano ofrecimiento que más tarde le hizo olvidar su segunda mujer, Zoraya, la hermosa hija de la castellana de Martos!

                                           Muley Hacen y Aixa en el Patio de la Alberca
                     
               Recorrieron después el Patio de la Alberca, donde los coloreados pececillos parecían alborozados saludar a su nueva señora, y el de los Leones, cuya magnífica fuente saltando en forma de cascada, despierta en aquel sitio la melancolía más sublime.


                                                 Patio de los Leones
             
                   Los dos templetes laterales estaban ocupados por las músicas llevadas para la fiesta, y a las puertas de la Sala de las Dos Hermanas, una comisión de hermosísimas jóvenes, esperaban a su soberana, en nombre de las bellas granadinas.

                                    Hermosas jóvenes a las puertas de la Sala de las Dos Hermanas


                                               Mi espíritu se cernía por los jardines del Partal

               Gozaron de la luminosidad en los jardines del Partal, contemplando los naranjos y la riquísima vegetación de aquel paraje; mi espíritu se cernía entre la mágica atmósfera que los rodeaba, visitaron la pequeña mezquita y el mihrab, la rauda, y los perfumados baños.


                                         La pequeña mezquita del Partal
                 
                 La guardia vigilante, pendiente de todo lo que pudiera ocasionar algún daño a los soberanos.
                  Un soldado dio la voz de alarma.
                ¡Alto al enemigo!
               - Alá con nosotros. ¿Qué enemigo ha osado entrar en palacio?


                                         La matanza de los Abencerrajes
                 
                 Por momentos quise volver al presente y una sombra misteriosa se desplazó por la cúpula de mocárabes de la Sala de los Abencerrajes, siendo el motivo para que uno de los soldados me descubriera, pero pronto recapacité y apareció de nuevo mi espíritu, despareciendo la improvisada sombra.

                                        Cúpula de mocárabes de la Sala de los Abencerrajes
                
           Aquello originó un pequeño revuelo cubriendo la guardia a los reyes, pero pronto se disipó todo al comprobar que había sido un acto imaginativo de uno de los guardianes que recibió su castigo.

                                          Fuente de la Sala de los Abencerrajes
             
                     Aquella sala, más tarde había de llamarse de los Abencerrajes, y en cuya limpia fuente se habían de sellar con sangre inocente el crimen del más celoso decreto, y contentos volvieron otra vez al gran salón de la Justicia donde la corte, y demás dignidades, les esperaban con impaciencia.


                                                    Salón de Comares
                     
            Se recitaron por los juglares las más bellas poesías y los epitalamios más tiernos. Los reyes escuchaban y se deleitaban recostados en ricos almohadones, y embriagados con los más ricos perfumes, mientras se desarrollaba la fiesta más sorprendente que presenciara Granada.


                 La reina se hallaba medio extasiada en brazos de su esposo, y con frecuencia repetía: “Qué Alá arrebate mi vida, si me falta tu enamorado cariño”.
                 Todo el día duró la fiesta, y por la noche cuando las comisiones volvieron a la ciudad, quedando en el palacio solo los reyes y sus guardias, la  hermosa Aixa, presa del más celoso presentimiento, dijo a Muley: “¡Por Alá, que vela nuestro amor, te juro, esposo de mi alma, que sabré ser siempre honrada y pura, aunque faltes a mi cariño; pero que si otra mujer logra arrancar mi imagen de tu corazón, sabré dar a conocer al mundo, la vengativa sangre que corre por mis venas!”



               Un cariño de su esposo fue la contestación que obtuvo. Las sombras de la noche velaron el sueño de los reyes de Granada, formando mil ilusorios proyectos, sin presumir siquiera, que bien pronto se iba a cumplir el horóscopo del atrevido alfaquí, con la declaración de la guerra a los cristianos, y con los amores del rey, y la hermosa nazarena, que por su belleza había obtenido el significativo título de Estrella de la mañana.

                                              Isabel de Solís, sería después Zoraya              
                   
                    Esta sería Isabel de Solís que tomaría el nombre de Zoraya.

                                                       Cuesta de Aixa
                                                      Cuarto Real 
              
           Por la Cuesta de Aixa donde se encuentra el Cuarto Real, mi sombra va volviendo a la realidad, a mi morada, a mi estudio en la Plaza de Santo Domingo, donde sigo contemplando mi último óleo.
                ¡Todo ha sido un maravilloso éxtasis, un bello sueño!

                                         José Medina Villalba

jueves, 5 de enero de 2017

CALLEJAS DEL ALBAYZÍN. MARÍA LA MIEL


                                                Cuesta de María la Miel. Óleo sobre lienzo. (46x33). José Medina
                      
                  La calle estrecha se retorcía en requiebros de esquinas que saben y guardan mucho del pasado, de chiflos a media noche de serenos que, entre las tinieblas que emanan de farolas mortecinas, son el terror de los niños que no  quieren echarse en manos de efebo; de palabras amorosas en la reja del carmen,

         cuyos barrotes impiden el contacto de los enamorados; de jovenzuelos que corren a deshoras realizando tropelías, rompiendo farolas, para dar mayor intensidad a los amores escondidos en la oscuridad de las callejas; de luz y colorido durante el día del sol, que se agarra a la fachada encalada de la casa, para hacerle resaltar con más resplandeciente fulgor la belleza cegadora del enjalbegado, 

                                        El sol, en su despedida, deja el color rosado en la cal de las paredes
      
     a regañadientes se retira en los atardeceres, para dejarle el color rosado como recuerdo en su despedida.
                         
                                                    Las callejas se deslizan por el pecho del otero
                
                Las callejas albaicineras son collares, que se deslizan por el pecho del otero, en el que hollaron numerosas generaciones, repletos de gemas engarzada: perlas níveas anacaradas como las de Manacor, casas blanqueadas por la diestra mano de sus moradores, con variaciones de verdes esmeraldas y turquesas, asomándose por los tapiales de sus cármenes, entre el verde esmeralda de los cipreses que miran al cielo, a modo de lanzas que quieren clavarse en la infinitud del espacio; 

                                            La voz del muecín, sustituida por el bronce de las campanas de las iglesias
       
       verdes turquesas de las enredaderas que se dejan caer por el tapial; el rojo topacio de sus mezquitas acampanadas, del sol que las acaricias en los atardeceres, con sonidos timbre de bronce, que han sustituido la voz misteriosa del muecín, por la esquila, llamando a los feligreses a la oración. 


                                             El sonido de la campana sustituye la voz del muecín       
               Caminar por el Albayzín es como deslizarse por el pecho de una bella mujer, sus empinadas callejas entrecruzadas serpentean por la inclinada superficie de su colina.

                                                    Las Bernardas y sus ricos dulces
                       
               Se respira una atmósfera especial, olor a jazmines, galanes y pastelitos de Belén del Convento de las Bernardas, oraciones silenciosas que salen por las celosías de los conventos, toques a maitines, o al Ángelus, el sonido de una guitarra que te llega desde un rincón escondido, o el ajetreo bullicioso del mercadillo de Plaza Larga.



                                                     Mercadillo de Plaza Larga

        La belleza de una colina prototipo de la belleza de la mujer albaicinera, con atractivo físico y sensual, 


      reflejado en la diversidad del entramado de sus callejas, que se le enredan realzando su cuerpo, de sus miradores con panorámicas que enaltecen el espíritu, y pequeñas placitas donde descansa el que discurre por ellas, para descubrir el misterio y la magia que encierran.

                                                    La magia de la pequeña placeta de Carvajales
               
             Pero también existe la vil y cruel mano del esbirro que quiere ultrajar esta belleza, con injurias e improperios, clavándole el puñal sanguinario de los grafitis, queriendo e intentando ultrajar, degradar tanta armonía, encanto y “fermosura”, son los pintarrajos, mamarrachos y grafotes llegados de “Vandalia”.
   

             Un nuevo año ha comenzado, he subido a mi querido barrio del Albayzín, porque me atraía beber el sabor de sus angostillos, que en el mutismo de sus paredes continuamente están hablando, el perfume de sus cármenes, el lenguaje de sus gentes, porque el Albayzín no solo es “Graná” sino que es mucho más. A un albaicinero se le puede detestar perfectamente su procedencia, dentro de la ciudad, y en cualquier otro lugar.

                                                       "Voy a bajá allábajos"
                     
               Desde el más culto e ilustrado, licenciado, catedrático, maestro, o simple trabajador, tiene unas características especiales, en su forma de hablar, de manifestarse, que es la coraza que le cubre, es la portavoz más preclara de su procedencia. Se siente "granaíno", y al mismo tiempo tiene expresiones que denotan que está por encima, cuando para ir al centro de la ciudad dice: "voy a bajá allábajos".

                                                            Mi amigo Arturo Fernández, gran cantaor 
                     
                 El verdadero albayzinero, porque no creas lector, que toda la gente que vive en este arrabal son auténticos albayzineros. Hay mucha gente que han establecido allí su existencia y de albaicinero no tienen absolutamente nada.

                                             Rafael Delgado Calvo-Flores, amigo albaicinero, Catedrático 
                                                                                      de la Universidad de Granada

                   El genuino, que porta el pedigrí auténtico, por desgracia ya van quedando menos, es: sarcástico, mordaz, satírico, generoso, solidario, comunicativo, hospitalario, generoso, noble, sociable, artesano y enormemente trabajador y sacrificado.


                Verbigracia: para manifestar una expresión, muy común, cuando no se quiere que se haga algo por las consecuencias funestas que pueda tener, el albaicinero es tajante, no se anda con remilgos, y te lo suelta en una parrafada, que para muchos puede ser escandalosa, vergonzosa e incluso, yo diría humillante, pero él la deja caer y se queda tan tranquilo: “Déjate de pollas, no vayamos a pollas”.  Me pregunto: ¿Entrará esta expresión en el argot de la “Malafollá granaína? 
           Los adelantos han llegado a tales extremos que la "malafollá" se puede comprar embotellada.. 
                    


             Pero bueno, no vaya a creer, mi querido lector, que esto es lo común, lo general en el léxico albaicinero, esto es solo una excepción, que puede mostrar una faceta del amplio y mordaz carácter que posee.

                                                        El zoco de la Caldelería. 


                  Caminaba por la Medina, -después de dejar atrás Plaza Nueva y Calle de Elvira- establecida aquí últimamente desde Marruecos, la Caldelería, con sus teterías, olor a pieles de bolsos, sabor a dulces hechos a base de higos y mezcla de frutos secos, chilabas y otras vestimentas donde ya,
           


      hace tiempo, no suena el golpeteo de los fabricantes de calderas, o el olor de los diversos puestos de verduras y frutas de épocas pasadas, enfilaba la Cuesta de San Gregorio,



                                                              La Cruz  Verde
     
          Placeta de la Cruz Verde, donde diariamente se recrea la vista de sus vecinos  contemplando la Torre de la Vela, que continuamente se asoma  para saludarlos. 




              Comenzaba a subir por la Cuesta de María de la Miel, cuando mis pensamientos se trasladaron a otras fechas del pasado.

                                                         Cuesta de María de la Miel

             Veo a mis amigos Álvaro y Cándido Rancaño Lasso de la Vega, hijos de famoso Catedrático, de la Universidad de Granada, D. Adolfo Rancaño, en la puerta de su Carmen, después de los saludos correspondientes, de tantos años de ausencia de nuestra época de bachilleres, me invitan a entrar.

                                                       Carmen del Albayzín


               El Carmen se engalana con las mejores esencias y perfumes de sus plantas: jazmines, celindos, galanes de noche, altos cipreses, petunias, enredaderas, plantas trepadoras que intentan escaparse por el tapial. Allá al fondo veo, sentada sobre el brocal del pozo, a María, sí, María de la Miel, que me invita a refrescarme con el agua de la cisterna.

                                                     María la Miel en el brocal del pozo.


               Acércate conmigo al pozo, tomaremos un poco de agua de la que nos ofrece María y volemos con las alas de  nuestra imaginación al año 1478, la época del infortunado Muley Hacen, que se negaba a pagar los tributos acordados, mientras tanto, los Reyes de Castilla y Aragón se iban apoderando de las importantes plazas de los árabes.

                                               
                    Los moros, en sus esporádicas correrías, al mando de su rey, por el reino cristiano, sorprendieron una noche a la villa de Zahara, pasaron a cuchillo a la mayor parte de sus habitantes, cogieron prisioneros a los que quedaron con vida, y fueron transportados a Granada, para que los hombres sirviesen como esclavos en las construcciones, y las mujeres animaran con su belleza el serrallo.

                                                           El serrallo
                    
                Entre la hermosura, encanto y belleza, de estas prisioneras se encontraba María de Hinojosa, hija de un capitán cristiano y prometida, hacía tiempo, al alférez Fadrique de Saavedra.

                                                               María de Hinojosa
                       
                 La belleza de la joven trastornó los sentidos del feroz sarraceno. Se propuso hacerla su esclava favorita, y no escaseó medio alguno para lograr sus amores.
                María, insensible a los halagos del feroz muslín, pasaba día y noche llorando su desventura, o rezando porque la Virgen la sacara de aquel cautiverio, se viese libre de su dueño y perseguidor, y pudiese ser esposa, si aún vivía, de su adorado amante.

                                                          El sultán Salem Alhamar
               
          Aquí, en este carmen, donde nos encontramos, tú que te has atrevido a acompañarme y yo, moraba la infeliz doncella. Allí la visitaba, el sultán y después de mil ofrecimientos de amor, llegó Salem Alhamar, a prometer a María, hasta que se haría cristiano a cambio de poseer su corazón. Pero ella, insensible a aquella pasión oriental, le confesó que no podía amar más que al que hacía tiempo había elegido su corazón.

                                       El harén del sultán Salen Alhamar, donde quiso enrolar a María la Miel
              
                 Tales palabras trastornaron el juicio de su altanero señor. Le dio un solo día de plazo para lograr su caprichoso empeño, con la amenaza de engrosar al día siguiente su harén, sin predilecciones de ninguna especie, y dispuesta a ser vendida en el mercado público.


              Noche mortal de angustia y llantos pasó la cristiana. Pero disfrutando aún de libertad, voló por los jardines, en busca quizá de la dicha que había perdido.
               Yo, incauto de mí, sorprendido, la veo deambular de un sitio para otro, intento acercarme para consolarla, pero la sombra misteriosa de su imagen se me escapa.

                                                      María cogió el ramo que le arrojó su prometido
                    
               No obstante la veo coger un ramo de flores que, en estos momentos, ha sido arrojado desde la tapia, con un pergamino donde D. Fadrique le prometía salvarla.
                Los ojos se le abrieron de tal manera que parecían salírsele de sus órbitas, el rostro le cambió de color y un suspiro de alivio, pero al mismo tiempo de incertidumbre, surgió de su boca.
                Al día siguiente, allá en el mismo jardín el sarraceno fue a reclamar su presa; más ella le rechazó con fuerte ira, y siendo perseguida fue a arrojarse al aljibe que había en el fondo del jardín, en aquel momento una mano hercúlea la detuvo, y solo cayó al pozo el ramo de jazmines que recibiera de su prometido.
              
                                                                Feliz encuentro
           
            En aquel momento el árabe se sintió fascinado, un vapor misterioso lo envolvió, quedó hipnotizado, cuando volvió en sí, no vio más a María, que arrebatada por D. Fadrique, que había penetrado en el jardín disfrazado de moro, huyó de aquel sitio, siendo más tarde feliz con sus amores, en la ciudad de Antequera, no pudiendo olvidar a Granada, donde tanto había sufrido.

                                      Los enamorados, a galope,  montados a caballo marcharon a Antequera
                                                 Estado actual del aljibe de María la Miel
               
                  El aljibe de este Carmen, conserva desde entonces un dulce sabor, cisterna a la que los árabes le llamaban aabsagial, aljibe dulce, nosotros le seguimos llamando Aljibe de la Miel, y a esta calle, Cuesta de María la Miel.
               María, antes de marcharse con su amado y estando todavía bajo el sopor de mi alocada imaginación, me ofreció un vaso de agua de esta rica agua, que degusté con delirio saboreando el agradable dulzor a jazmín.

                                                       Bebí el agua dulce del pozo de María la Miel
                     
                 Alvaro y Cándido mis dos amigos me despidieron con un fuerte abrazo, más observé en ellos, un gesto raro de extrañeza al contemplar mi estado durante todo el tiempo que permanecí en el jardín.

                                                          Cuesta de María de la Miel
                  
                "Querido lector, si algún día pasas por esta calle, no se te olvide preguntar por el pozo de María de la Miel, beberte un vaso de esta deliciosa agua, que te trasladará al mejor paraíso de las ilusiones y los ensueños".
                   
                    Mi agradecimiento a D. Pablo Navarro Fuentes, dueño del Carmen de Nuestra Señora de las Angustias, que gentilmente me ha dado la oportunidad de entrar en su propiedad, sacar fotos y vídeos y llegar al aljibe de María de la Miel, que como le sucede a todos los restantes aljibes del Albayzín, dejaron de cumplir su funcionalidad, que durante muchos años hicieron.
                                                         
                                                          José Medina Villalba

                   Datos históricos. El antiguo aljibe o cisterna de la Miel, se encuentra hoy en el interior del Carmen de Nuestra Señora de las Angustias. Se trata de un depósito de una capacidad de veintisiete metros cúbicos, de planta rectangular, dividida en dos tramos, cubiertos por bóveda de cañón.

                Te dejo alguna instantáneas y vídeos, realizadas en una soleada mañana de enero del 2017.


                                                 FOTOS Y VÍDEOS






















































                                                             José Medina Villalba