domingo, 18 de febrero de 2018

UN FIN DE SEMANA POR LA AXARQUÍA MALAGUEÑA.RUTA MUDEJAR




Sonó el despertador, eran las siete de la mañana, amanecía  una jornada que se presentaba con un aire especial, por un lado de inquietud y al mismo tiempo con ansias de participar en un fin de semana por la Axarquía de Málaga, dentro de este tren humano formado por gentes que devoran día a día la cultura y la ponen en práctica, no solo con viajes que enriquecen, sino en el aula donde la conferencia y el taller, en diversas ramas y facetas, fraguan continuamente engrandeciendo a los que participan activamente.


Hacía poco tiempo que había recibido mi bautismo en esta Asociación que lleva por título Aluma, y después de una mañana recorriendo días pasados el Bajo Albayzín, ahora partía todo ufano en una nueva aventura por la Axarquía de Málaga en un fin de semana.

                                                     La Axarquía de Málaga

      La mañana para no desentonar de sus hermanas, de este mes de febrero, se había cubierto el cuerpo con el bajo cero, el agua de la Fuente de la Plaza Isabel la Católica, parecía un collar de lágrimas de cristal.


Un gran autobús iba engullendo a los que formarían el pasaje, maletas que se arrastran y otras que se dejan remolcar, y saludos de los que ya han participado en viajes y forman un frente común.
Pequeñas confusiones al querer depositar las posaderas en el mismo asiento, número 36, tres personas, pero  pronto quedó resuelto la amabilidad y la comprensión son las mejores armas para resolver cualquier conflicto por grande que sea, y este era de nimiedad absoluta.
El vehículo se va abriendo paso entre el telón de las sábanas de la noche en las que se arropa para irse lentamente destapando e ir dejando paso al día.


Luminarias de luces, lenguaje de los vehículos que hablan por sí solos, desfilan por la carretera a modo de un largo rosario interminable de la aurora. La temperatura era de hielo, aunque en el ombligo de la gran cabina metálica, con la calefacción en su punto, todo era agradable. Susurros de conversaciones medio apagadas, se entremezclaban entre los asientos, mientras las crestas de las últimas estribaciones de la sierra, se iban poco a poco iluminando con un febo escondido que a hurtadillas iba abriéndose paso entre las tinieblas de la noche.

                                                          Los Alayos de Dilar

          La silueta de los picos: Silleta del Padul, Picacho Alto, los Alayos de Dilar, por momentos, se iba perfilando enmarcada en un cielo que se iba azulando.
Las luces del alba se insinuaban en los resquicios de la línea de las montañas que intentan despegarse del cielo.

                                                      La Vega de Granada

          La Vega granadina se iba espabilando mientas comienzan a blanquear los cortijillos, con sus lucesitas esparcidas a modo de pequeños lunares blancos, se iban difuminando en un vestido de verde espárrago.
Se intensifica la luz y la tierra comienza a tomar vida saliendo del sopor de la noche.

                                              El día nos saluda con tintes de claridad

          El Sol se alza sobre un mar de olivos alineados haciendo guardia con la firmeza y disciplina que le impone el terreno y la misión a cumplir, el día nos saluda con tintes de claridad, con cielos de cristal y pinceladas de nubes en fuga a modo de pequeñas masas algodonosas, y toques rojizos que dan color al lienzo.
La señora presidenta, toda amabilidad, va repartiendo folletos explicativos como preliminares, abriendo el apetito de lo que vamos a disfrutar, pueblos, monumentos, arte mudéjar, gastronomía, e incluso avances de las próximas visitas.

                                                      Lali,  la señora Presidenta

         Los gigantescos molinos, que no se parecen en nada a los de D. Quijote, con las enormes aspas se elevan asomándose lentamente por la línea, como si surgieran de la tierra hasta dejar al descubierto completamente su descomunal cuerpo sobre la colina junto con los arbolitos recortando la silueta en el horizonte, mientras el vientecillo mañanero los agita suavemente, parecen brazos extendidos al viento que nos saludan deseándonos buen viaje.


La temperatura va en ascenso, ocho grados, Pinos del Valle se asoma sobre el Pantano de Béznar que se muere totalmente por falta de agua dejando ver sus interioridades completamente secas.
Alguna fogata quema restrojo, escribe con letras hechas de humo blanco en la lejanía, mientras el sol saliente nos deja ver un mar totalmente en calma dejando que se bañen en él Salobreña y Almuñécar.


 Entramos en la provincia de Málaga, acaba de levantarse y luce un paisaje de  verdor.
 Parada obligada, había que desayunar, de vez en cuando nuestro autocar se convierte en un hurón, pasando por largas madrigueras de cemento iluminadas, que se van alternando con espacios que nos dejan ver el día. 

                                                El desayuno

Torrox, allí nos espera el timonel que va a dirigir este crucero y su pasaje por la Axarquía de Málaga, no se trata de emplear incorrectamente la palabra timonel, ni de contar mentiras, como dice la canción que siempre cantábamos cuando íbamos de excursión, “por el mar corren las libres y por el  monte la sardinas”. 
Nuestro capitán, Antonio de Torrox, con reminiscencias y raíces en la alta montaña hace sus presentaciones correspondientes, como experto y bien documentado nos guiará por la ruta del arte mudéjar, como un verdadero cicerone.

                                                  El guía, Antonio de Torrox

¿Qué es eso de ruta mudéjar?
Querido lector, se trata de un recorrido por una serie de pueblos: Arenas, Archez, Salares, Sedella, Canillas de Aceituno, Comares, y Cómpeta, salpicados de alminares, arcadas y otros detalles de arquitectura mudéjar, que confieren a esta ruta un embrujo encantador.
El término “mudéjar” proviene de la voz “mudayya”, se aplica a los hispano musulmanes que tras la conquista cristiana permanecieron bajo el nuevo estado castellano, y que se  encargaron de realizar estas obras.


La mañana es apacible el sol se ha desmelenado y luce a “tutti pleni”, un mar, apacible y sereno queda a nuestra izquierda, da la impresión que  nuestro crucero se desplaza navegando sobre un azul convertido en marisma.
El blanco de los edificios se combina con esqueletos de construcciones que la crisis no les dejó desarrollar.
Alemanes, ingleses noruegos…, y demás países de rigurosas temperaturas invernales, han encontrado el paraíso de oro, para pasar el último trayecto de sus vidas.

                                                        Extranjeros en Málaga

         Nuestro guía se ufana  en pregonar las glorias de Málaga, paisaje de verdor, ciudad turística por excelencia, un 30% de alemanes, somos satélite de Málaga, el turismo es lo que impera aquí, la construcción ha sido el fundamento principal de este bum.

                                                         El tranvía fracaso

          Dejamos atrás La Caleta de Vélez, pueblo de pescadores, y Torre del Mar, mientras nuestro guía sigue comentando la infortunada idea de montar un tranvía, "genialidad" de Zubirón, que se ahogó en once días, porque para poder mantenerlo el precio  del billete hubiese sido de  diecisiete euros.   
Ascender desde el mar a las cumbres de las altas montañas era el papel que se jugaba ahora nuestro bus, mientras escalaba conducido por un experto chofer, sin arnés ni crampones, como un excelente montañero, aferrado al asfalto de una serpiente que se retuerce continuamente, férreamente afianzada a la falda de una colina enorme,

                                       La carretera una serpiente que se retuerce continuamente

 que no se puede desprender de ella, porque ha clavado el aguijón de la piedra y el alquitrán en la tierra donde crece el aguacate, la chirimoya y la uva moscatel, para descender de la nieve, en la Maroma, hasta llegar a bañarse a las playas del Algarrobo y Nerja.

                                             Nuestro primer pueblo, Arenas

          Arenas, nuestro primer pueblo, nos recibe con un monumento dedicado a la mula, aquí se sigue celebrando todos los años la “Feria de la Mula”, animal que ha desempeñado un papel muy importante en las labores cotidianas de esta villa. Cada vez hay menos mulas, porque la mecanización las ha absorbido, sin embargo la feria se sigue manteniendo como un rito tradicional.

                                                     Monumento a la mula

           La gente iba a Granada, ciudad contigua, a segar, a trabajar, llevaban aceite de oliva que no había, traían trigo para abajo, no había aguacates que son de estos últimos tiempos, había aceite, almendros y sobre todo mucha hambre, era lo que más se plantaba, boniatos en la zona de debajo de la playa, y por este trasiego los mulos y mulas jugaban un papel fundamental.


Todos estos pueblos han ido transformándose en función del personaje político y sus asesores arqueólogos, según hayan sido conservadores manteniendo lo que emanaba de la tradición o los han ido cambiando y convirtiendo en fetiches que hieren la vista.

                                                 Murales de Evaristo Guerra

          Mientras ascendemos, nos vamos deleitando en una serie de murales, que representan la actividad de la zona, obra de Evaristo Guerra, pintor excepcional con su estilo propio, naif. La mula juega un papel fundamental, es el wolkswagen  de aquellos tiempos, lo mismo se utilizaba para el trabajo como para subir a las campesinas bellamente engalanadas para ir a una fiesta.


 Las callejas de este pueblo, como la de todos en los que nos vamos a deleitar, son como si nos tuviésemos que comer una tarta de varios pisos comenzando por abajo para después arrojarla de nuestras entrañas descendiendo, como si desde Plaza Nueva quisiéramos subir a lo alto del Albayzín con toques desechos de obra.


La subida se hace lenta, y en ese caminar con leves pausas para poder llenar de nuevo los pulmones, los recuerdos vienen y se hacen presentes en este día se está celebrando el cumpleaños del “Día de la Desbandá”, cuando las criaturitas de esta zona tuvieron que huir porque los barcos alemanes desde la costa los estaban acribillando, en el periodo de la Guerra Civil.



Aunque el invierno no permite que los angostillos se engalanen con los colores variopintos de las flores, que constituyen un elemento fundamental, para dejar la nota de color en el tapiz de sus callejas, sin embargo arrogantes como ellas solas, se han quedado en la balconada para entablar un diálogo visual con los visitantes.

                                         La calleja se moría por la estrechura de su cuerpo...

          La calleja se moría por la estrechura de su cuerpo, le faltaba aire para respirar y no tiene más remedio que abrirse a pulmón descubierto, para desahogarse en la plaza. La mezquita reconvertida en iglesia y el minarete nos dan la pauta del arte mudéjar. 

                                           La mezquita convertida en iglesia

          Surgió en el vulgo la manía de quitar el ladrillo viejo, llamado macheríe, porque era símbolo de pobreza, y además porque creían que había que matar los bichos incrustados porque  traían la peste y las enfermedades, se usó la cal viva para cubrir los alminares y mezquitas hechos con este tipo de ladrillo que es el que nos da la intensidad del mudéjar, son muchos los historiadores que coinciden en que el arte por antonomasia español es el mudéjar.


Nos quedamos con las ganas de entrar en el interior de lo que fue mezquita, hoy convertida en iglesia perfectamente encalada, porque la señora encargada de la abrir estaba ausente, pero “menos da una piedra”, y nos conformamos con llevarnos dentro de nuestra retina lo que aquí dejamos en fotografías: un mural que nos indica las obras de arte que existen en el interior, el retablo, de la Escuela de Santiago Lara Molina de Socuéllanos, además de tallas de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Stma. de los Dolores, obras de José Navas Parejo y un inmenso mural que representa el Bautismo de Jesús en el Río Jordán, de Evaristo Guerra.




Los murales de Evaristo nos siguen recreando mientras el empedrado acostumbrado a soportar el peso de los pasantes sigue cumpliendo su obligado deber, unos tranquilos gatitos familiarizados  con  ver pasar diariamente los turistas que mentalmente se llevan el encanto


 y también desencanto de la cantidad de azulejos que cubren los rincones, mosaicos traídos de las sobras de las construcciones de las orillas de un mar que respira sal a raudales.



      Siempre existe el contraste de la pincelada de color de las balconadas enjaezas como elegantes mocitas con el colorido de las flores que junto al blancor de la cal es el traje diario que lucen estos pueblos de la Axarquía.



                                                  Las balconadas enjaezadas como bellas señoritas

         Dejamos el barrio alto, había que descender por una escalinata, como una dificultad más de esta yinkana, donde las púas de un cactus nos advierten que la belleza del lugar se puede ver perturbada en un falso traspiés, que puede doler más que el que puedan  originar  las espinas del que lo advierte.





                    Descenso por una complicada escalera

        Llegamos  al punto de partida, habiendo realizado un circuito irregular ascendente y descendente, dejando atrás la cal viva, los ladrillos macheríes sustituidos por los azulejos que afean las fachadas y han dado muerte a la belleza del mudéjar.




     De nuevo en el autobús, los comentarios se deslizan como una música suave de palabras imperceptible, el eco de los sonidos se acompaña con alguna que otra cabezadita intentando reponer el sueño perdido, y las luces de los móviles brillan como luciérnagas perdidas.



Lali, la jefa comandante del navío sobre ocho ruedas, con su simpatía y agrado  se da su vueltecita por el pasillo saludando, animando, consultando e informando, para ver cómo se encuentra el pasaje.


                                                        Lali, comandante del navío

         El Valle del Río Vélez se engalana con el blancor de los almendros en flor, entremezclado con el blanco de los plásticos que abrigan, a modo de capuchas, los mangos para protegerlos del rocío, asomándose entre bancales a modo de terrazas de un edificio gigantesco, sin que se quiten los unos a los otros la visión del inmenso paisaje.



El minifundio es el rey de estos lugares, los bancales, parcelitas a modo de escalones podrían ser las gradas de un inmenso teatro, donde los actores fijos inamovibles son la vegetación, los vehículos, senderistas, y humanos que por allí transitan, los actores de una obra teatral que siempre está en función permanente. Ya lo trabajaron los romanos y algo menos la desidia de los árabes.


                                             Los bancales pequeñas parcelitas a modo de escalones


La Axarquía la constituyen treinta y un pueblos con una demografía de doscientos mil habitantes.
Curvas y más curvas se suceden, unas detrás de las otras, como si fueran los nudos de una cuerda interminable que ha perdido el sentido de la longitudinalidad  para convertirse en un collar prieto a la montaña, donde el mejor experto conductor puede hacerle a los pasajeros perder la tranquilidad en cualquier momento.
                                                 La carretera una serpiente enroscada....

        Nuestro conductor nos ha hecho sentir la serenidad y la tranquilidad al resolver, como un gran experimentado en estas lides, salvando todas las dificultades con un éxito extraordinario, en un derroche de malabarismos que fueron objeto de un aplauso al unísono de toda la navegación.


                                                                  Los parceros

          Después de salvar el primer escalón de la ruta mudéjar, subimos al segundo y nos dejamos caer en Archez, nos llama curiosamente la atención una especie de pequeñas parcelitas,  limitadas por triángulos en la cabecera y en los pies a modo de camas donde se acuestan las maderas que después serán el alimento de las llamas, en los días de frío al abrigo de la chimenea, son los parceros.



           Las casitas desperdigadas por toda la montaña parecen un rebaño de ovejas pastando, mientras el pastor simulado en una enorme tarta allá arriba apenas si tiene complicación porque posee la completa seguridad de que sus ovejitas siempre se van a encontrar en el mismo lugar.
El quitamiedos de la carretera, debe de estar asustado viendo como se le arriman continuamente los desaprensivos que, a veces, irresponsablemente intentan adelantar cuando no hay posibilidad de realizar tan semejante hazaña.


                                                          Adelantos de conductores irresponsables

El lienzo enorme donde vamos dejando la huella de nuestros pinceles, poco a poco se va alimentando de la riqueza y del colorido en nuestro caminar, naranjos junto a cactus especiales van enriqueciendo y haciendo el paseo más agradable hasta llegar a Archez.



Cuando este narrador se cree que va solo, porque no conoce a ninguno de los pasajeros, se da cuenta que alguien le llama la atención; enroscada al cuello una enorme bufanda, y embutida en un abrigo intentando disimular un enorme resfriado, levanta la mano me saluda y con cierta indecisión interrogatoria dice mi nombre.
-¿Usted es D. José?
-¿Y tú, quien eres?
-Puri, la peluquera.


                                                         Puri, Rodríguez Franco, la peluquera

Inmediatamente la reconocí, y siento no haber sido yo el que con anterioridad la hubiese detectado.
Tengo que confesar que para mí fui una alegría enorme, este encuentro después de muchos años.
El alminar es el objetivo principal de esta visita situado en una placita que es una preciosidad, para después saborear el rinconcito individual de cada uno tomándose un vinillo recibiendo el abrazo de un sol mordiendo la piel.



Sin percibirlo, pero siendo real las fachadas iban tiñéndose de la caricia de un sol que les hacía resaltar el blancor y nos hablaban a través de las diversas cerámicas, sobre la forma de vida, costumbres y vicisitudes de los antepasados.



“La sierra de Bentomiz es abundante de fuentes frías y saludables y de arroyos de aguas claras que baxan entre las peñas y sacándolos en acequias por las laderas riegan sus huertas y hazas los moradores…..”



El pueblo se convierte en un bello jardín, las plantas ornamentales que han permanecido guarnecidas del frío, custodiadas por las amas de casa que las miman, salen todas lozanas para engalanar las casas adornando las fachadas.






“La mezquita emplazada en el corazón del núcleo urbano congregaba a la comunidad mediante la llamada que el almuédano realizaba desde la torre. Elemento vertical en la horizontalidad de la mezquita, el alminar evoca la gravedad vencida por el esfuerzo del hombre, estableciendo la comunicación entre dos espacios y dos mundos lo interior y lo exterior”….


                                                          El alminar de la mezquita


Llegamos caminando, como fieles descubridores de la incógnita escondida entre el misterio de estas callejas, que nos dejaron algunas de sus huellas mudéjares de siglos pasados, a una placita donde la sorpresa se manifiesta en las caras de asombro de los visitantes, La Casa de Gaudí, o por lo menos un simulacro del arte de este genio, que el constructor de edificaciones en estos lares quiso dejar la patente con esta muestra.



                                                               Casa estilo Gaudí



Un sol espléndido invitaba a sentarse, para paladear y degustar un vinillo del terreno, poder tomar fuerzas para seguir caminando, junto a la contemplación de castillos artificiales construidos con plásticos inflables, coronados en la distancia por la Maroma, desde la atalaya de su puesto de vigía, hoy se ha vestido de blanco para acompañarnos en este recorrido, será nuestra compañera infatigable.




“Tiovivos” de plástico, por llamarlos de alguna manera, no guardan relación con el mudéjar, pero los tiempos modernos los imponen caminando, de feria en feria, para divertimento de la grey infantil, que ni les va ni les viene lo que aquí pudo ocurrir allende en tiempos pasados.


                                                             Puente sobre el Río Turvilla

         Mientras deslizamos nuestros pasos por encima del puente, camino de nuestro móvil de yantas de goma y carruaje que cubre su cara de verde, las arcadas del puente sobre el río Turvilla, ansían fervientemente ser acariciadas por un arroyo que llora con lágrimas secas la falta de agua.
Escalonados, como una formación que camina a su aire contemplando el paisaje, tomamos de nuevo el autobús.



Nuestra serpiente, reptil con piel de alquitrán y barandilla de protección y seguridad al borde de la ruta, seguirá siendo el hilo conductor de nuestro camino,  mientras nuestra vista se deleita en un paisaje que se pliega ante nuestra mirada como un extenso lugar de grandeza de la Naturaleza, donde imperan las plantaciones de mangos, uvas moscateles cubiertas con capuchones, para que crezcan tranquilas sin temor al frío, después envejecidas serán el deleite del paladar, 
                                                 Las uvas moscateles cubiertas con plásticos

aguacates y una serie de cortijillos, como blancos copos esparcidos por la montaña, habitados por extranjeros  y al  mismo tiempo reverenciando al gran bloque que allá arriba se enseñorea, como enorme pastel deleite de los que no dejamos de observarlo.


                                                 "La enorme tarta en lo alto de la montaña"

        Salares con su paseo de entrada limitado por el colorido de los cítricos anaranjados, con un alminar que quiere ocupar su protagonismo sacando por encima de las encaladas viviendas su cuello, nos saludamos mutuamente.



Una casa que quiere hermanarse con el mudéjar es el primer saludo que recibimos al entrar en Sedella.


                                                    Entrada principal a una casa estilo mudéjar

        Una casa particular privada, de una familia que ha tenido el capricho y el buen gusto de traer al presente, lo que fue el mudéjar en tiempos pasados. Los materiales empleados en su construcción son los utilizados en este arte, menos los pilares románicos  que los han adquirido en algún anticuario.


                                                  El narrador de este archivo ante la entrada mudéjar

        La clave del mudéjar reside en que el material es muy pobre muy barato pero, ¡amigo!, trabajar esto es muy caro, hay que ponerlo, limpiarlo, volverlo a poner y limpiar y esto lleva mucha mano de obra, hace tiempo valía doce mil pesetas el metro cuadrado, así que ¡no te digo ahora!, los azulejos que se han utilizado son aviejados y la puerta tiene un encanto especial; 





a partir de la fachada el resto es como las demás casas del pueblo. Aquí existen las casas torreones, pintadas y repelladas pero las han destrozado.
Llegamos a la mezquita, que como todas en general se transformaron en iglesias encaladas. En el proceso de la construcción se pasa de la piedra a la pizarra, y al barro. En las construcciones del norte era piedra todo, no todo son ladrillos macheríes, aquí también se puede observar ladrillo esmaltado.




 Como podemos percibir está totalmente encalada, debido a aquella tenebrosa y turbulenta mentalidad cuando llegó la peste, que morían la gente como chinches, achacándoselo a los espantos, como ellos le llamaban, que estaban incrustados en los ladrillos y había que matarlos con cal viva, si quitásemos la cal que cubre a los alminares nos encontraríamos la riqueza del dibujo geométrico con el que se potencia el alminar.


                                                        Ante la mezquita convertida en iglesia

        Este pueblo ha sido siempre un pueblo de pastoreo y agricultura de subsistencia, la población es de unos setecientos habitantes de los que el cincuenta por ciento vive en Torre del Mar.  


                                                          Puri Rodríguez y José Medina

       Aquí viene la gente los fines de semana a ver, sobre todo la juventud, a sus  abuelos arraigados en el terreno pero, ¿qué demonios hace aquí  un chico licenciado en Económicas o una chica enfermera?, esta es la causa  de un regreso demográfico enorme.



Nos habíamos acabado de pasear por un museo de naturaleza, fue una mañana de todo un poco para retenerlo y saborearlo en días sucesivos, donde fuimos unos invitados de piedra, que tuvimos la capacidad de movernos, deambular de un lado para otro a nuestra plena libertad, de ir en parejas, en pequeños grupos o individualmente, formando una magnífica colmena, que lo mismo nos agrupábamos para escuchar al piloto guía, o nos expandíamos  para absolver el rico néctar que nos proporcionaba el inmenso valle de la Axarquía.


                                   Caminábamos con plena libertad, en grupos, por parejas o individualmente

        Pero no de naturaleza y alimento espiritual vive el hombre, el cuerpo también necesita disfrutar del yantar, y allí nos estaba esperando el Restaurante la Sociedad, con la ensalada para cuatro, el potaje de hinojos, jamón al horno, bebida y flan, que se merece un simple y escaso aprobado porque el hambre, a las cuatro de la tarde bien entradas, no perdona.


                                                                    El almuerzo

Canillas de Aceituno.
El emplazamiento geográfico de Canillas de Aceituno lo convierte en un balcón natural de la Axarquía. La carretera de acceso al pueblo ofrece vistas de los valles de Vélez y Rubite, a través de un paisaje de plantaciones de olivares, viñedos, almendros, e higueras. Sobre las lomas o cerros se pueden observar los toldos, o paseros, dispuestos para secar las uvas. Esta abundancia arbórea es posible gracias a los ríos Almanchares, Rubite y Bermuza, que además facilitan la existencia de fuentes naturales como la de la Gazuela y la Yedra.


                                                                Canillas de Aceituno

En el entorno de Canillas abundan las cuevas naturales destacando la de Fájara en cuyo interior hay galerías de hasta un kilómetro y medio de recorrido. Dentro del pueblo hay dos fuentes que se alimentan de un aljibe árabe. Una de las calles de interés arqueológica de la villa es la Calle del Castillo en la que aún quedan restos de lo que fue la antigua fortaleza que conduce al barrio bajo.


                                                               Cueva de Fájara

        Canillas situado en la parte alta del Valle de Vélez junto con Comares, se encuentra en la otra parte del valle son los dos vigías que controlan perfectamente este maravillosa angostura. Los dos castillos de ambos pueblos dominaban a la perfección toda esta enorme vaguada del río Vélez, y también lo que venía del Boquete de Zafarraya, que desemboca en Torre del Mar.



La reconquista de Canillas se produce en el año 1487, cinco años antes que la toma de Granada, todos los conquistadores se reúnen en Sata Fe a través de los diversos pasos, de Jatar, Arenas del Rey, Colmenar, para hacer el último asedio que era prácticamente la Alhambra, desechando las armas y a través de unas Capitulaciones, que se celebraron parte en la Torre de Comares y en Churriana que está a medio camino entre Granada y Santa  Fé, donde jugó un papel importante el Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba muy amigo de Boabdil.


                                                               Iglesia de Canillas de Aceituno

         Aparece entonces aquí este tipo de arte mudéjar, aunque ya llevaba practicándose quinientos años antes en Aragón y la zona norte de España, diferenciándose el mudéjar que adquiere su propia personalidad enriqueciéndose con la policromía que aquí se contempla en esta iglesia, antigua mezquita. Es la única iglesia que vamos a ver abierta porque tiene mucha actividad, las demás permanecen cerradas porque el mismo cura tiene que atender a varios pueblos, y para evitar robos permanecen cerradas
Estamos en la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Rosario, cuya  Patrona de aquí es la Virgen de la Cabeza.


                                                               Virgen de la Cabeza

          No solamente trabajan el mudéjar los mudéjares especializados sino que trabajan también los judíos que lo trasladan a las sinagogas, como son Santa María la Blanca o la del Tránsito, en Toledo, que son puro mudéjar, en general albañiles que trabajan para la nueva causa.
El arte puro español es el mudéjar aunque hay gente que no lo ven así.
Se está intentando recuperar toda la decoración que subyace debajo de tantas capas de cal que se le han ido dando, utilizando todos los medios de infrarrojos que hoy día se tienen al alcance.



Las gentes de aquí son más conservadores incluso superando a los de Arenas, no son de derechas pero son mucho más tradicionales.



Este pueblo estaba en tiempos pasados más metido en la Vega de Granada que en la parte de abajo, era más fácil trasladarse a la Vega de Granada que bajar a la costa propenso a las flechas, piedras, que te robaran; en veinte kilómetros de la costa hacia el interior son dos mundos completamente diferentes.



Parece, por lo que dice el mosaico anunciador, que la Virgen tuvo que buscar un lugar privilegiado para contemplar una bella panorámica, por lo que tuvimos que convertirnos, casi en escaladores, subiendo una serie de peldaños, pero mereció la pena.






                                                             El Mirador de la Virgen

         De nuevo al autobús y la ingente capacidad del conductor para echar marcha atrás en una distancia de más de  doscientos metros demostrando su habilidad para coger la nueva ruta en dirección a Comares.



  Unos momentos de silencio sepulcral, tras una línea de luz vaporosa que atravesaba los espejuelos que dan paso al interior de todo lo que sucede fuera, con la respiración entrecortada, hasta cuando el bus, cogió la senda directa, un sonoro aplauso fue el premio de todo un colectivo que dejó que el intestino encogido se relajara y se respirase a pleno pulmón.



La serpiente hecha carretera siguió con la misma tónica, pero parece que la demostración que acababa de hacer el chófer, nos hizo sentirnos más relajados ante el peligro de una vía de montaña que se retuerce de dolor, ante una montaña que la han herido quitándole parte de su cuerpo.


                                                                El crepúsculo vespertino

         El crepúsculo vespertino comenzaba a tomar vida dejando los últimos vestigios de bellos colores, en un cielo que acariciaba las sombras de la nocturnidad.
Nubes que traían mensajes  extraterrestres se divisaban en la lejanía, y un sol soñoliento presto a desaparecer dejaba sus últimas luminotecnias filtrarse entre la blancura de los almendros para que adquiriesen más belleza.


                                               Un sol somnoliento se filtraba entre los almendros

         Anochecía por momentos, el día daba sus últimos soplos de vida y la subida a Comares había hecho que el grupo se deshilachara en retales humanos desperdigados.


                                                     El grupo se había deshilachado

          Entrábamos en un mundo diferente al que durante el día habíamos contemplado, un enorme fortín se nos presentaba a la vista, una fortaleza amurallada con su enorme arco de entrada flanqueado por las banderas de España y Andalucía, a falta de dos moros haciendo guardia en una entrada majestuosa.

                                                            Entrada a Comares

          Dos pequeñas aberturas arqueadas laterales custodiaban al arco principal, enormes azulejos plasmados en la muralla nos hablan de la historia de un pueblo junto al de Canillas de Acituno que fueron los vigías de todo el valle.



“La puerta de Málaga importante bastión defensivo era la puerta principal de ingreso a la plaza de la villa. Bajo sus muros tuvo lugar la entrega de Comares a las fuerzas cristianas, como quedó reflejado en la talla existente en la sillería del coro de la Catedral de Toledo señalado con el número 14 en el lado de la epístola, donde podemos observar el momento en el que le fueron entregadas las llaves de la villa a Cristóbal de Eslava  alcalde  de Marchena enviado a Comares para tal fin.”



Estábamos en una fortaleza sin vida, ni una puerta abierta, ni un inquilino de la villa en cualquier calle, ni  ladridos de perros,  solo unas huellas de cerámica indicando el camino a seguir 



y el gran espectáculo al atardecer, de una tarde que había quedado en un cielo de nubes plomizas, que filtraban un halo de nostalgia, mientras allá abajo los pueblos y cortijillos de blancor a raudales, sumisos se postraban al pie de la sierra de Almijara rindiendo pleitesía a la Maroma coronada de nieve, envidiosa de un mar cálido donde la luna comenzaba tímidamente a bañarse, un sol de terciopelo pintaba el cielo de bellos colores, todo observado a vista de ángel.






                                                  Las nubes filtraban un halo de nostalgia

         La noche entró de lleno, y cubrió con el manto de la oscuridad todo el valle, nuestro bus, hábilmente conducido siguió caminando abrazado al reptil de la carretera, cuyas curvas se hacían cada vez más peligrosas, había que llegar a Cómpeta atravesando de nuevo todo el valle, el día había sido plenamente satisfactorio pero agotador lo que se manifestó en la inquietud del pasaje en los últimos momentos.



Una larga pendiente nos dio la puntilla cuando hubo que subir a las alturas donde se encontraba el Balcón de Cómpeta, este era el nombre del hotel donde pasaríamos la noche. No podía ser de otra manera, un balcón no puede estar a la altura de la calle de una vivienda, pero este ajimez lo habían puesto demasiado alto  para este grupo que ya venía saturado de mudéjar y deseando descansar.


                                                              El vestíbulo del hotel

        Una cena frugal: crema de tomate con picatostes, salmón al grill finas hierbas y de postre pudin, más nombre que esencia.


                                                       Cenando en el Hotel de Cómpeta

          Unos bungalow, a modo de casitas desperdigada en los bajos del hotel con vistas al mar, y una piscina donde continuamente se están bañando los árboles que la rodean, sería el lugar de reposo donde  parte del grupo pasaríamos la noche.




                                                     La zona de bungalow

        Buffet libre para desayunar, con una  enorme variedad de productos que bien podían cumplimentar los estómagos para continuar la segunda jornada de este plácido caminar por la "Axarquía Malagueña".


                                                       Buffet, libre para desayunar

         Comares. Balcón de la Costa del Sol, lugar lleno de barrancos, caseríos y cortijos diseminados alrededor del monte, su nombre viene del árabe Qumaris o Hins Comarix que significa castillo en altura, está asentada sobre el cerro Mazmúllar.


                                                    Esperando la salida en la puerta del hotel

Nuestro guía nos indica la trayectoria que vamos a seguir para visitar el pueblo evadiendo la empinada cuesta que anoche dejó sentir sobre nuestros cuerpos el aguijón de su encrespada pendiente. Caminaremos por el centro de la ciudad  hasta desembocar en la  Medina y en la plaza principal con su mezquita.




El guía nos da los buenos días y nos regala el oído.
 -Comares es un pueblo muy serio, es decir muy antiguo, de origen romano, que prácticamente está invadido de ingleses que están invirtiendo de forma espectacular, noruegos, finlandeses, toda esta serie de colonias que están alrededor de aquí.
 El abuelo que tenía el cortijo y las viñas, como los niños  no quieren venir ni saber nada de esto lo ha vendido y los extranjeros se han aprovechado  y se han venido a vivir  aquí.


                                                                   En el mercadillo

           -Estamos en la tierra del vino, de las pasas y de los higos, hay una casa que se llama “La Casa de la Pasa” que es la que vende este tipo de cosas, aunque hoy está cerrada. 
-¡Oooh!, una exclamación momentánea surgió de forma espontánea, el guía ante esta interrogación rectificó, pero no os preocupéis hoy hay mercadillo y allí os vais a encontrar de todo.



La limpieza, el orden, la pulcritud y el color de los geranios, ponen una nota de pigmentación, para recreo visual en todo el trayecto hasta llegar a la plaza donde está la iglesia, y las calles hablan con unas bellas cerámicas proclamando como se llaman.



La iglesia parroquial, Nuestra Señora de la Asunción, nuestro guía habla de la riqueza de esta zona donde abundaban los latifundios e incluso sus antecesores, tuvieron aquí un gran patrimonio.


                                                    Iglesia Nuestra Señora de la Asunción

-En el 1505, la Reina Isabel decide hacer una iglesia donde había una mezquita, lo único que queda de mudéjar es la techumbre. La iglesia tiene tres naves, las imágenes que hay son bastante procesionales, la Semana Santa aquí tiene gran importancia, hay un secreto por el que los pueblos blancos se mantienen blancos, es porque tienen dos fiestas al año a las que le dan una gran importancia, la Cabalgata de Reyes y la Semana Santa, que les obliga a encalar las fachadas.




-Paco Hernández, de Vélez Málaga, pintor de cámara, ha pintado a los reyes, Juan Carlos, Sofía, un pintor de época moderna, tiene aquí unos murales, su pasión amorosa está en la mujer gitana y está casado con una gitana, en sus cuadros pictóricos todos los modelos son gitanos.


                                                 Mural del altar mayor

        El primer mural que pintó del altar mayor, los personajes son gitanas cuyas vestimentas eran totalmente transparentes, cuando vino el obispo a inaugurarlo le dijo: las gitanas muy bonitas, pero vístemelas. Hay otro mural representando el Bautismo de Jesús, donde todos los personajes son también gitanos.  


                                                                El Bautismo de Jesús

         Tras un gran arco de entrada donde figura el anuncio de “Paseo de las Tradiciones” una serie de murales realizados en azulejos de bello colorido, nos van a contar las costumbres, formas de vida,  de las generaciones pasadas de este pueblo.



                                                           Paseo de las tradiciones

         Allí está representada la fragua, los secaderos, personajes ilustres, la siega, trilla, llegada de los musulmanes, industria de la seda, construcción de bancales, derrota de los moriscos, el terremoto de 1680….





Seguimos descendiendo la torre de la iglesia se nos va quedando atrás y los murales cerámicos, dan su nota junto con los maceteros como lapas férreamente pegados a las paredes.



En el mercadillo es todo un dislate, el vendedor no da abasto  a las peticiones de: pasas, higos, miel en sus diversas modalidades, vino, aceite, pan de higo, cerámica, frutos secos…, que van llenando las bolsas para alegrar a los nietos y demás familiares, o simplemente para colocar en cualquier vitrina o repisa, el plato con esmaltes de colores vivos que nos va a hacer tener presente en nuestra memoria esta agradable visita.


                                                            La cerámica del mercadillo

 No hay nada como la química, hecha esmalte de colores para domar la lírica.
 Cómpeta nos despide con un mensaje hecho vidriado en los murales de todo el recorrido y como último adiós éste que nos dice: “Competa al despertar la mañana con los primeros rayos del sol pareces como una estrella que del cielo se desprendió”.



Las curvas de la carretera nos siguen persiguiendo, mientas el sol se alzaba sobre un mar hecho valle de color de pasas y vino, flambeado a sol y salitre que en suave brisa nos llegaba del mar que se avistaba a lo lejos.


                                                       Una línea de luz vaporosa.....

         Daba la impresión, extasiado en la contemplación del paisaje, como si una una línea de luz vaporosa dejándose caer sobre el valle intensificara el verde de los bancales donde las ovejas pastando en la gigantesca panza verde de la montaña escucharan la voz del pastor que se encuentra en lo alto de la colina, cuya figura la constituye un enorme budin gigante.
-¡Oiga!, ¿Acaso son fantasmas, o almas en pena, o la procesión de la Aurora, desperdigada, lo que estamos viendo en la ladera de la montaña?
No, querido lector, son las viñas de las que se obtendrán las ricas pasas que deleitan los paladares, mimosamente tratadas, para evitar que los hielos de la noche perturben el sueño del largo invierno.



De pronto, igual que cuando un espectáculo de candilejas cambia de decorado, dejamos el de la montaña para entrar en otra representación de dos mares, uno acuoso y otro de plásticos que invaden toda la costa.
Una enorme nube a modo del pez llamado telescopio, se nos asoma por la ventanilla con la boca entreabierta con ánimo de devorarnos tragándose a todos los diminutos pecesillos que se le atraviesan en el camino.


                                             Pez telescopio hecho nube, nos  amenaza por la ventanilla

          Frigiliana nos espera con sus calles empinadas, su caña de azúcar hecha miel en la fábrica de Nuestra Señora del Carmen, un loro y un medio Rajá que dialoga con él contándonos toda la historia de este pueblo y de sus gentes.




Junto a ellos, en otro habitáculo contiguo, dos frigilianas de las de “toma y déjalas que hablen”, que también van a chismorrear, sobre las costumbres ancestrales de los habitantes de estos terrenos.



La paleta se impregna de tres colores maravillosos un cielo color ultramar, el blancor de unos borreguitos hechos pequeños cúmulos junto al de las casitas agrupadas, y el verdor de la arboleda que dan un toque armonioso al comenzar el paseo.


                                                           Entrada a Frigiliana

         Los murales cerámicos hablan por sí solos, si en la Edad Media eran los pregoneros y juglares con sus trompetas anunciando al pueblo los diversos bandos, o leyendo con sonsonete característico las escenas macabras “del asesinato último”, o el fabuloso parto del “Guardia civil de la Línea que sintió las delicias de la maternidad”, ahora nos vamos a encontrar a nuestro juglar convertido en cerámica de colores, hablándonos a través del dibujo y la letra negra impresa.



Hubo un momento aquí, en el que las tres religiones vivían magníficamente, fue una época de tolerancia, no al nivel de Córdoba y Toledo que la tolerancia duró doscientos cincuenta años, pero aquí, los judíos por un sitio con el dinerito, los moriscos engañando a los cristianos todo lo que podían, los cristianos creyendo que eran los que mandaban, en fin unas historias maravillosas entre los tres, pero sin embargo hubo una condescendencia hasta que llegó el mil seiscientos  nueve y se acabó todo esto.
 La gente vivía de todo lo que se producía, el señor vareando las aceitunas, el morisco haciendo el vino, incluso moriscos que ya son cristianos en estos menesteres,  la uva moscatel y la caña de azúcar, todo dentro de una normalidad.


                                                            Murales con las distintas ocupaciones

          Estos eran los cuatro medios fundamentales de una ciudad que era muy rica en agua, hay dos ríos el Higuerón y el Chillar, los dos portan bastante agua por lo que este lugar era ideal, tiene sol, fortaleza y era un paraíso para vivir, ellos vivían aquí “mu agustito” como dicen los gaditanos.


                                                   Comenzamos a ascender por la "Vía del Calvario"

         Comenzamos a ascender caminando por encima de una alfombra con decorados tejidos con hilos hechos de piedras blancas y negras con motivos geométricos, era un encaje de bolillo, donde cada rincón de la madeja de callejas, callejones y brechas articulaban el armazón del pueblo.




Todo va a ser a partir de ahora una historia iconográfica representada en murales. El sello real aparece cuando los cristianos conquistan Frigiliana en el mil  cuatrocientos ochenta y siete,  es entonces cuando da comienzo el proceso de convertir moriscos.
-Vamos a darles una oportunidad,  o te conviertes o te echamos a casa.




El primer mural representa el plano de los pueblos de la Axarquía con una descripción de la fortaleza de la raza de los habitantes.




“…Alcanza un cielo tan claro, que haciéndola amenísima cría los hombres ligeros, recios y de tan grande ánimo que antiguamente los reyes moros los tenían por los más valientes….”
En las Medinas el color azul es el que predomina en las puertas combinándose con el blancor del encalado.





El segundo mural nos habla de cómo la gente moza comienzan a revelarse ante la presión cristiana.
“Andrés Chorairán natural de Sedella concitó los ánimos de los suyos  para escitarles a la rebelión. La gente moza que comenzaba a alborotarse la contuvo, el morisco Luis Méndez hombre influyente en Canillas pero no pudo evitar que atacaran una venta de un cristiano ni que mataran a varias personas, acudió el juez de Vélez, Pedro Guerra  y muchos inocentes moriscos entre ellos Luis Méndez que había impedido la revuelta fueron presos y cargados de cadenas y sometidos a crueles tormentos”.



La mañana iba creciendo conforme  subíamos la empinada calle, como la de la Amargura para llegar al Gólgota, donde se realizaría el sacrificio, la voz del guía, saboreando las palabras, quedaba suspendida en sus explicaciones con palabras huecas perdidas en el aire.
Las blanqueadas fachadas de las casas carentes de las alhajas que las embellecen en cualquier época del año, menos en los  inviernos, los tiestos de macetas con esmaltes, verdes y azules paridos a fuego en los hornos morunos, como si fueran los zarcillos que penden de los frágiles lóbulos de una encantadora dama, y los pies calzados del  verde follaje, que acicalan el rostro de una bella sultana, estaban aún guarnecidos en el interior ansiando salir a la palestra para recreo de la vista de propios y extraños.



Seguimos ascendiendo plácidamente en este Vía de la Amargura, no solo por el encanto que tiene esta calle, sino por los mensajes que los murales nos van transmitiendo en todo el proceso de cristianización de los moriscos.



El viejo musulmán para aplacar los ánimos se los llevó a Canillas.



“Días después trasladáronse en romería al morabito de la Rábita de Canillas para impetrar la protección de Alá y el viejo musulmán dirigió la palabra exhortándoles a que no abandonaran el lugar….”
Hay que entremezclar en el ascenso comentarios sobre la peregrinación a la Meca, en una pequeña similitud con esta peregrinación nuestra, que dan una nueva nota a este recorrido.
-El quinto mandamiento de la ley islámica es la peregrinación a la Meca una vez en la vida, como hay muchas personas que son beduinos que no tienen un dírham, han contemplado la posibilidad de que el beduino le haga la peregrinación a un morabito y le dan la misma indulgencia que al señor adinerado que va a la Meca aunque después no los tratan igual, porque el señor que va a la Meca se convierte en hach , es decir en santo, se viste de blanco con la babucha color oro viejo mostaza y se ponen en la cabeza el fez.



  La gente le besa la mano porque es un señor que ha estado en la Meca, ir a la Meca es el viaje más caro que hay de turismo, se gastan hasta quince mil duros, toda la vida ahorrando; los chicos economizan para los padres como el gran regalo de su vida, han contemplado eso y de vez en cuando los pobrecitos  van al morabito de turno, que no es otra cosa sino el enterramiento de un santón. En Marruecos morabitos los hay a montones.



Seguimos caminando, el mural siguiente nos habla de la manera siguiente:
“Aun no era bien acabado de alzar el pueblo cuando apareció en la plaza del lugar una bandera de tafetán colorado-ya deslucida de vieja con unas lunas verdes- muy grandes que la tenía guardada Francisco de Roxas morisco de aquel lugar....."



-Hay diálogo entre moriscos y cristianos para que los dejaran vivir tranquilos, pero los impuestos cada vez  iban subiendo más, porque la presión más fuerte sobre el pueblo era subirle los impuestos. El alguacil les trae buenas noticias y todos tan contentos, lo que no saben es lo que les va a  pasar cuando pasemos a los siguientes murales.
En la ascensión se mezclan conversaciones relacionadas con el carácter y formas de ser de los nativos del lugar, la gente de Frigiliana son personas muy serias, muy responsables y trabajadoras, y muy manitas, no tienen que ver nada con las de Nerja y estamos a seis kilómetros; hemos tenido el bum de la construcción, venían los curriculum de Nerja, nadie los contrataba.



Seguimos elevándonos en este suplicio de Vía Crucis y Media Luna, cuando la Cruz, va intentando y consiguiendo doblegar a la Media Luna.
Ante la situación la gente se agrupa, cierran sus casas se llevan la llave y se van allí arriba que había una fortaleza, para protegerse de este ataque que es inminente.



“En los últimos días de abril de 1469 ésta gran concentración humana cerraba las puertas de sus casas, abandonados sus hogares, despobladas las arquerías, campos y caseríos, portando sus ajuares, herramientas y armas….”
Alineadas en perfecta formación deseando salir al exterior se encuentra el verdor de los helechos enclaustrados en macetas, en el interior de las viviendas, alguna transformada en restaurante con sabor morisco, en este callejón llamado del Arquero, tomamos energías en un descanso para poder continuar caminando.




El alguacil ha dejado a la gente en la fortaleza y todos muy contentos porque se sienten protegidos, se creían que se iban a escapar.



“Y pareciéndoles que estarían mejor todos juntos en el Peñón de Frigiliana que era muy fuerte y cerca de la mar, enviaron a decir a los del fuerte de Sedella que se vinieran a juntar con ellos…”



Comienza un ataque por mar, seis mil hombres entre ellos ochocientos marinos que tomaron el Peñón de Frigiliana, fortaleza que se creía inexpugnable.






En el ataque comenzaron a lanzar ruedas de molino, empujadas por largos maderos, que tenían guardados y se llevaban por delante a cincuenta soldados si se los encontraban.



En nuestra ruta turística, la sorpresa nos llegaría en un momento, dos caballerías, transportando material de  construcción, se nos atravesaron en la angostura de la calleja estrella, en un lugar que prácticamente era casi imposible que conjugara el grupo y los animales con sus arrieros correspondientes, pero los humanos tenemos capacidades para resolver los problemas más peliagudos que se nos presenten, y reagrupándonos todo se resolvió satisfactoriamente.


                                                          Las caballerías nos salieron al paso

          La tragedia de nuestra novela histórica seriada, a modo de juglar callejero  estático con su pancarta en la plaza del pueblo rodeado de público con un  recital  de música oral rítmica, no tiene punto de comparación con nuestra sucesión declamada de murales cerámicos describiendo toda esta historia.
La emoción contenida, sin aflorar a los rostros de los visitantes la voy observando en los que con ojos y mente bien despierta a lo que leemos y escuchamos de nuestro “mercenario juglar”, deseamos llegar al final con ansiedad de este drama épico que nos tiene sobrecogidos.



“Hubo algunas moras que pelearon como esforzados varones, ayudando a sus maridos, hermanos e hijos y cuando vieron el fuerte perdido se despeñaron por las peñas más agrias….” 
La tahona convertida en restaurante, balconadas y ventanas pintándose la cara con colores envueltos en perfume, piropos  al viento para las damas del grupo y recreo de la vista para todos, nos van dejando un adiós en el aire conforme vamos pasando.









Llegamos a la plaza después de un descenso, lugar donde se encuentra la iglesia, la mezquita se ha convertido en la iglesia de S. Antonio que curiosamente tiene una techumbre mudéjar.





Tan de incógnita había puesto nuestro capitán del barco el lugar que íbamos a visitar, como sitio fantasmagórico secreto, donde parecía que solamente los elegido o privilegiados podrían entrar, que ya nos bullía por la sangre el desasosiego por destapar el cofre de taracea de los secretos, que sigilosamente todos, nos pusimos disimuladamente en marcha, sin respetar descaradamente el puesto usurpándole al compañero contiguo, bajo pago de empujón, para no perder ripio al lado del que nos conducía, y mucho más éste que lo cuenta, que no quería perderse la menor brizna desprendida de la curiosidad más intrigante.


Iglesia de S. Antonio

          Habíamos entrado en el barrio morisco, en este lugar técnicamente se acababa el pueblo, los cristianos cuando reconquistan el pueblo hacen un pasaje secreto y es donde instauran el Barrio de la Inquisición, aquí se realizaban los autos de fe, hay una placita y allí es donde se tomaban las decisiones, el guía frunce el ceño en una interpretación de incógnita sin resolver.



Hoy día se ha colocado una fuente donde se han instalado los tres símbolos de las religiones, la Cruz de los cristianos, la Estrella de David, y la Media Luna.




Por un intrincado quebradizo pasadizo desembocamos en el sitio donde más de un moro temblaría atosigado por la decisión de renunciar a su fe, para abrazar la que le daría la estabilidad de seguir o ser expulsado, el sudor le correría por todo el cuerpo y en algún momento el corazón intentaría pararse.


                                                      Intrincado pasadizo secreto

         Una vez más las negras letras impresas en el mural cerámico darían cuenta, para finalizar de esta serie novelada, y la emoción contenida pasaría a ocupar otro espacio.



“Un angustioso silencio se hizo sobre la arquería de Frigiliana allí quedaba el monte abandonado los cuerpos muertos, la voz viva de Martín alguacil: “Si defendiendo nuestra libertad muriésemos peleando la madre tierra recibirá lo que produxo; y al que faltare sepultura que le esconda, no le faltará cielo que le cubra. No quiera Dios que se diga que los hombres de Bentomiz no osaron morir por su patria.”



Un enorme racimo de flores tejiendo un bordado de color verde butano, son el lenguaje que perfuma este recoleto lugar, llamado Callejón de la Inquisición, aquí era el lugar donde les iban dando el S. Martín a los marranos y a los conversos, los marranos eran los conversos de la parte hebrea.




Este lugar testigo de los espíritus que aún vagan por este sitio, recriminándose la cobardía de no haber dado la cara en defensa de lo que mamaron y tenían incrustado en la sangre, donde aún se escucha la voz sentenciosa del inquisidor de turno decretando sentencia.





Los moriscos que se marcharon, muchos de ellos se situaron en Tetuán unos a Xauen para vivir en la montaña del pastoreo, otros se fueron por Tarifa y aparecieron en la ciudad de Rabat  en una ciudad llamada Sudaya descendientes de los andaluces, con apellidos como Vargas, Salvatierra, García, Pérez, Sánchez.


                                                                       Xauen

         En Fez hay un barrio que se llama “Los andaluces” y hablan castellano como nosotros, están muy bien situados y ahora le están pidiendo al gobierno las llaves porque dicen que se la hemos dado a los Sefardíes y por qué no se la damos a ellos.






                                                         Barrio de los andaluces en Fez

          No quieren la llave para venirse aquí y abrir la puerta, están muy bien situados, mejor que acá que hay mucho desempleo, la quieren por el tema de su identidad.








Nerja nos esperaba con sus bugambillas floridas, con el balcón de Europa como un espectacular mirador hacia un mar de intenso azul ultramar, una temperatura sensacional que desdice el frío  de la montaña y nos hace quitar los chaquetones e invita a tomar un baño en la piscina, y las carrozas con sus chirigotas y comparsas desfilando haciendo honor al carnaval. 


                                                      Desfile del Carnaval de Nerja 2018

        Una comida en el hotel de cuatro estrellas, el Balcón de Europa, donde la ensalada del otro día para cuatro se convierte, mejor enriquecida, para cada una de las personas y una fritura de pescado donde antes de echar los pescados a la freidora, habían saltado en la batea que los contenía.




                                                          Por el Balcón de Europa en Nerja

         Unos helados con los compañeros de viaje, para llevarnos el sabor condensado de las pasas, símbolo de entre otros de estos lares, daría fin a dos días de asueto, cultura y amistad, que quedarán como recuerdo de todos los que amigablemente los hemos compartido.  

                                   José Medina Villalba
     
                                              REPORTAJE FOTOGRÁFICO



























































































































































                                                       José Medina Villalba